
Aquí se "reciclan" algunos programas de radio y TV, y también uno que otro texto, fotos y caricaturas para reflexionar sobre lo que acontece en mi país, México.
1. El México que va a encontrar Noam Chomsky, quien en este 2009 hace la más importante visita que haya hecho a nuestro país, es un pueblo devastado por las políticas del capitalismo neoliberal impulsado por Washington, que él ha analizado, y que han encontrado en una clase política corrupta que representa a unos cuantos grupos a su dócil instrumento. Chomsky vino a México por vez primera en 1992 a una reunión del Foro por la Emancipación e Identidad de América Latina, y retornó en 2001 a la Universidad de Guadalajara, pero hoy va a encontrar un México muy distinto, que en todos los ámbitos está resistiendo a esas políticas.
2. La visita del que ha sido en los últimos 50 años ilustre profesor de lingüística del Instituto Tecnológico de Massachusetts, se hace en el contexto de la celebración de los 25 años de La Jornada, un diario sin el cual no se podría entender al México en este cuarto de siglo, que constituye un caso excepcional en América Latina y del cual él es colaborador, y lo hace precisamente en un momento en que las políticas del nuevo gobierno de Barack Obama han cambiado en las apariencias, pero siguen siendo tan imperiales como siempre y requieren por sus dobleces de un mejor análisis.
3. Noam Chomsky, nacido en 1928 en Filadelfia, cuna de la Constitución estadunidense de 1787, es un caso insólito en el mundo intelectual de Estados Unidos como reconoce su biógrafo Robert F. Barsky en A life of dissident (The MIT Press, 1997), pues la inmensa mayoría de los académicos, artistas e intelectuales estadunidenses se han doblegado a las premisas de la ideología imperial de su país, y él preserva el espíritu renovado de muchos de los fundadores de su país en el siglo XVIII o de aquellos intelectuales del grupo de Concord de Nueva Inglaterra en el XIX, como Emerson, Thoreau o Hawthorne, que hoy parece perdido.
4. El crítico de la política de Estados Unidos, que en Estados fallidos (Ediciones B, 2007) los ve ya en proceso de convertirse en un Estado fallido
, incapaz de garantizar la seguridad y el bienestar a sus ciudadanos, ha sido leído en México con avidez por su rigor e integridad, pero ninguneado en su propio país. El desdén a Chomsky es tan grande allá que su amigo Alexander Cockburn solía decir que los dos mayores desastres para el poder en Estados Unidos han sido el ataque japonés a Pearl Harbor y el nacimiento de Chomsky, ambos un 7 de diciembre.
5. En el curso de los últimos 35 años años Chomsky ha reflexionado de manera sistemática no sólo en torno a los problemas de la lingüística, sino sobre las políticas imperiales de su país exacerbadas a la llegada a la Casa Blanca de Ronald Reagan (1911-2004), pero a pesar de que ha prestado especial atención a los grandes conflictos, desde la guerra de Vietnam hasta las invasiones de Afganistán e Irán, o a Medio Oriente, América Latina ha estado presente en su análisis luego que una hija suya trabajó como voluntaria en Nicaragua y México no es la excepción. Chomsky ha hecho reflexión de una u otra manera sobre los efectos perversos que la integración con Estados Unidos ha tenido en el descenso de los salarios, el empobrecimiento general del pueblo mexicano, y la dependencia y la sumisión acentuadas con el TLC o NAFTA, que según sostiene en La (des)educación (Crítica, 2001, p. 183) sólo parece obligar a nuestro país. México, dice Chomsky, “ha sido ‘atrapado’ en el TLC. Los EEUU tienen libertad para hacer caso omiso de sus obligaciones; México, no”.
6. La mejor evidencia de lo que son las libertades públicas en Estados Unidos la muestra el hecho de que un artículo suyo que le encargó The Washington Post en 1994 sobre la insurrección zapatista no fuera publicado, de que sus textos no aparezcan en los más importantes periódicos de Estados Unidos y que él no tenga acceso más que a emisoras marginales de la televisión. Ello no ha impedido, sin embargo, que en los últimos años The New York Times lo haya calificado como el más importante intelectual vivo
; The Boston Globe lo considera el más útil ciudadano de Estados Unidos
y el Chicago Tribune lo reconoce como el autor más citado de nuestro tiempo
.
7. El poder de los medios, que buscan hoy controlar a la sociedad para hacerla aceptar las decisiones de los grupos oligárquicos y acallar el pensamiento crítico, de la manera que lo describe Chomsky en Ambiciones imperiales. El mundo después del 11-S (Península, 2005), no ha podido impedir la difusión de sus ideas. La voz de Chomsky está no nada más en sus 33 libros sobre lingüística y sus más de 50 obras de temas políticos que son referencia fundamental, en sus artículos y conferencias que circulan en Internet, o en el video –desde el histórico debate con Michel Foucault en la televisión holandesa en 1971 (Manufacturing Consent, Zeitgeist Video) hasta las entrevistas que le hace su esposa Carol (Rebel without a pause, Docurama)–, sino de manera fundamental en su incansable labor como conferencista e intelectual comprometido.
8. El papel de Chomsky es insustituible y se asemeja al que cumplieran Jean-Paul Sartre en los años 70 y Michel Foucault en los 80, pues acude adonde puede contribuir a edificar un mundo libre y democrático o a impedir una injusticia, como lo hizo hace unos días al viajar a sus 81 años a Caracas para entrevistarse con el presidente venezolano Hugo Chávez y de-satar el encono de los medios en todo el mundo.
9. Chomsky hablará el lunes 21, a invitación de La Jornada, en la UNAM, la institución de educación superior más importante de América Latina, que hace 10 años era el espacio de una lucha intensa de los estudiantes mexicanos –incomprendidos por los medios y los partidos–, contra el proyecto del Banco Mundial, del gobierno mexicano, y sobre todo de las propias autoridades universitarias, de privatizar la educación superior, y que logró frenar ese intento del gran capital, que ahora parece resurgir porque, como dice Chomsky en Sobre democracia y educación (Paidós, 2005), las universidades públicas pueden ser la base para un cambio social.
10. La primera vez que escuché a Noam Chomsky fue en la Universidad de París-VIII en Vincennes, a fines de los 70, durante un debate con Nicos Poulantzas, y desde entonces me pregunté por qué uno de los lingüistas más importantes del siglo, que años atrás discutía con teóricos como Jean Piaget sobre las teorías del aprendizaje, ahora daba prioridad a la reflexión crítica sobre el poder y las políticas de su gobierno. La respuesta la dan sus lectores de todo el mundo que han visto en él más que a una conciencia lúcida de Estados Unidos a un símbolo de que la inteligencia humana va a prevalecer en el futuro sobre las fuerzas del capital.
Portada de La Jornada y la Rayuela dedicada a Chomsky:
Bienvenida y felicitación
Simultáneamente, los politécnicos nos congratulamos por la venida a México de Noam Chomsky. Acá en el campus Politécnico estamos en acuerdo total con Noam Chomsky en México
, de Luis Javier Garrido, en La Jornada de hoy. Con excepción de que la entrevista en Amsterdam hecha por Fons Elders en 1971 a Chomsky y a Foucault no se llamó Manufacturing consent
sino: Acerca de la naturaleza humana
y “Justicia versus poder”.
Simultáneamente los politécnicos creemos que Chomsky es la representación, encarnación y solución de los dos problemas que él mismo plantea en Knowledge of language: its nature, origins and use”. El problema de Platón, cómo conocemos tanto a partir de experiencia tan limitada
. Y el de Orwell: cómo conocemos tan poco, disponiendo de tanta evidencia
. El de Platón lo resuelve Chomsky con su gramática generativa y universal, y el segundo, de Orwell, ahondando en el análisis de la geopolítica mundial.
Ahí, Chomsky es el intelectual vivo más importante, el más útil ciudadano de Estados Unidos –adiciono yo, y del mundo–, y el autor más citado de nuestro tiempo. Mis alumnos politécnicos, que no lo conocían, al comentarles la obra de nuestro ilustre húesped, exultaron de alegría y simpatías humanas y universales. ¡Bienvenido!
Rubén Mares Gallardo, Escuela Superior de Física y Matemáticas-IPN y Organización Nacional Politécnica
UPDATE. Chomsky de nuevo en la portada de la Jornada de hoy, esta es la nota:
Hay una resistencia real al imperio; no existen muchos sitios de los que pueda decirse lo mismo
La esperanza del cambio anunciada por Barack Obama es sólo una ilusión, considera el escritor
América Latina es hoy el lugar más estimulante del mundo, dice Noam Chomsky. Hay aquí una resistencia real al imperio; no existen muchas regiones de las que pueda afirmarse lo mismo.
Entrevistado por La Jornada, uno de los intelectuales disidentes más relevantes de nuestros tiempos señala que la esperanza en el cambio anunciada por Barack Obama es una ilusión, ya que son las instituciones y no los individuos los que determinan el rumbo de la política. A lo sumo, lo que el mandatario representa es un giro desde la extrema derecha al centro de la política tradicional estadunidense.
Presente en México para celebrar los 25 años de La Jornada, el autor de más cien libros, el lingüista, crítico antimperialista, analista del papel que desempeñan los medios de comunicación en la manufactura
del consenso, explica cómo la guerra a las drogas se inició en Estados Unidos como parte de una ofensiva conservadora contra la revolución cultural y la oposición a la invasión de Vietnam.
A continuación, presentamos la transcripción completa de sus declaraciones.
América Latina es hoy el lugar más estimulante del mundo. Por primera vez en 500 años hay movimientos hacia una verdadera independencia y separación del mundo imperial; se están integrando países que históricamente han estado separados. Esta integración es un prerrequisito para la independencia. Históricamente, Estados Unidos ha derrocado un gobierno tras otro; ahora ya no puede hacerlo.
Brasil es un ejemplo interesante. Hacia principios de los 60, los programas de (Joao) Goulart no eran tan diferentes de los de (Luiz Inacio) Lula. En aquel caso, el gobierno de (John F.) Kennedy organizó un golpe de Estado militar. Así, el Estado de seguridad nacional se propagó por toda la región como una plaga. Hoy día Lula es el muchacho bueno, al que están tratando de cultivar, en reacción a los gobiernos más militantes en la región. En Estados Unidos no publican los comentarios de Lula favorables a (Hugo) Chávez o a Evo Morales. Los silencian porque no son el modelo.
Hay un movimiento hacia la unificación regional: se empiezan a formar instituciones que, aunque no funcionan del todo, comienzan a existir. Es el caso de Mercosur y Unasur.
Otro caso notable en la región es el de Bolivia. Después del referendo hubo una gran victoria, y también una sublevación bastante violenta en las provincias de la Media Luna, donde están los gobernadores tradicionales, blancos. Un par de docenas de personas murieron. Hubo una reunión regional en Santiago de Chile donde se expresó un gran apoyo a Morales y una firme condena a la violencia, y Morales respondió con una declaración importante. Dijo que era la primera vez en la historia de América Latina, desde la conquista europea, en que los pueblos habían tomado el destino de sus países en sus propias manos sin el control de un poder extranjero, o sea Washington. Esa declaración no fue publicada en Estados Unidos.
Centroamérica está traumatizada por el terror reaganiano. No es mucho lo que sucede allí. Estados Unidos sigue tolerando el golpe militar en Honduras, aunque es significativo que no lo pueda apoyar abiertamente.
Otro cambio, aunque atropellado, es la superación de la patología real en América Latina, probablemente la región más desigual del mundo. Es una región muy rica, siempre gobernada por una pequeña elite europeizada, que no asume ninguna responsabilidad con el resto de sus respectivos países. Se puede ver en cosas muy simples, como el flujo internacional de capital y bienes. En América Latina la fuga de capitales es casi igual a la de la deuda. El contraste con Asia oriental es muy impactante. Aquella región, mucho más pobre, ha tenido mucho más desarrollo económico sustantivo, y los ricos están bajo control. No hay fuga de capitales; en Corea del Sur, por ejemplo, se castiga con la pena de muerte. El desarrollo económico allá es relativamente igualitario.
Control debilitado
Había dos formas tradicionales con las que Estados Unidos controlaba América Latina. Una era el uso de la violencia; la otra, el estrangulamiento económico. Ambas han sido debilitadas.
Los controles económicos son ahora más débiles. Varios países se han liberado del Fondo Monetario Internacional a través de la colaboración. También se han diversificado acciones entre el sur, en lo que la relación de Brasil con Sudáfrica y China ha entrado como factor. Han podido enfrentar algunos problemas internos sin la poderosa intervención de Estados Unidos.
La violencia no ha terminado. Ha habido tres golpes de estado en lo que va de este siglo. El venezolano, abiertamente apoyado por Estados Unidos, fue revertido, y ahora Washington tiene que recurrir a otros medios para subvertir al gobierno, entre ellos ataques mediáticos y apoyo a grupos disidentes. El segundo fue en Haití, donde Francia y Estados Unidos tiraron al gobierno y enviaron al presidente a Sudáfrica. El tercero es el de Honduras, que es un asunto mixto. La Organización de Estados Americanos asumió una postura firme y la Casa Blanca tuvo que seguirla, y proceder muy lentamente. El FMI acaba de otorgar un enorme préstamo a Honduras, que sustituye la reducción de asistencia estadunidense. En el pasado éstos eran asuntos rutinarios. Ahora esas medidas (la violencia y el estrangulamiento económico) se han debilitado.
Estados Unidos está reaccionando y ha dado pasos para remilitarizar la región. La Cuarta Flota, dedicada a América Latina, había sido desmantelada en los 50, pero se está reahabilitando, y las bases militares en Colombia son un tema importante.
La ilusión de Obama
La elección de Barack Obama generó grandes expectativas de cambio hacia América Latina. Pero son sólo ilusiones
Sí hay un cambio, pero el giro es porque el gobierno de Bush se fue tan al extremo del espectro político estadunidense que casi cualquiera se hubiera movido hacia el centro. De hecho el propio Bush en su segundo periodo fue menos extremista. Se deshizo de algunos de sus colaboradores más arrogantes y sus políticas fueron más moderadamente centristas. Y Obama, de manera previsible, continúa con esta tendencia.
Giró hacia la posición tradicional. Pero ¿cuál es esa tradición? Kennedy, por ejemplo, fue uno de los presidentes más violentos de la posguerra. Woodrow Wilson fue el mayor intervencionista del siglo XX. El centro no es pacifista ni tolerante. De hecho Wilson fue quien se apoderó de Venezuela, sacando a los ingleses, porque se había descubierto petróleo. Apoyó a un dictador brutal. Y de allí continuó con Haití y República Dominicana. Mandó a los marines y prácticamente destruyó Haití. En esos países dejó guardias nacionales y dictadores brutales. Kennedy hizo lo mismo. Obama es un regreso al centro.
Es igual con el tema de Cuba, donde durante más de medio siglo Estados Unidos se ha involucrado en una guerra, desde que la isla ganó su independencia. Al principio esta guerra fue bastante violenta, especialmente con Kennedy, cuando hubo terrorismo y estrangulamiento económico, a lo que se opone la mayoría de la población estadunidense. Durante décadas, casi dos tercios de la población han estado en favor de la normalización de las relaciones, pero eso no está en la agenda política.
Las maniobras de Obama se fueron hacia el centro; suspendió algunas de las medidas más extremas del modelo de Bush, y hasta fue apoyado por buena parte de la comunidad cubano-estadunidense. Se movió un poco hacia el centro, pero ha dejado muy claro que no habrá cambios.
Las reformas
de Obama
Lo mismo sucede en la política interna. Los asesores de Obama durante la campaña fueron muy cuidadosos en no dejarlo comprometerse con nada. Las consignas fueron la esperanza
y el cambio, un cambio en el que creer
. Cualquier agencia de publicidad sensata habría hecho que ésas fueran las consignas, pues 80 por ciento del país pensaba que éste marchaba por el carril equivocado. McCain decía cosas parecidas, pero Obama era más agradable, más fácil de vender como producto. Las campañas son sólo asuntos de mercadotecnia, así se entienden a sí mismas. Estaban vendiendo la marca Obama
en oposición a la marca McCain
. Es dramático ver esas ilusiones, tanto fuera como dentro de Estados Unidos.
En Estados Unidos casi todas las promesas hechas en el ámbito de reforma laboral, de salud, de energéticos, han quedado casi anuladas. Por ejemplo, el sistema de salud es una catástrofe. Es probablemente el único país en el mundo en el que no hay una garantía básica de atención médica. Los costos son astronómicos, casi el doble de cualquier otro país industrializado. Cualquier persona que tiene bien puesta la cabeza sabe que es la consecuencia de que se trate de un sistema de salud privado. Las empresas no procuran salud, están para obtener ganancias.
Es un sistema altamente burocratizado, con mucha supervisión, altísimos costos administrativos, donde las compañías de seguros tienen formas sofisticadas de evadir el pago de las pólizas, pero no hay nada en la agenda de Obama para hacer algo al respecto. Hubo algunas propuestas light, como por ejemplo la opción pública
, pero quedó anulada. Si uno lee la prensa de negocios, encuentra que la portada de Business Week reportaba que las aseguradoras celebraban su victoria.
Se realizaron campañas muy exitosas en contra de esta reforma, organizadas por los medios y la industria para movilizar segmentos extremistas de la población. Es un país en el que es fácil movilizar a la gente con el miedo, e inculcarle todo tipo de ideas locas, como que Obama va a matar a la abuela de uno. Así lograron revertir propuestas legislativas ya de por si débiles. Si en verdad hubiera habido un compromiso real en el Congreso y la Casa Blanca, esto no hubiera prosperado, pero los políticos estaban más o menos de acuerdo.
Obama acaba de hacer un acuerdo secreto con las compañías farmacéuticas para asegurarles que no habrá esfuerzos gubernamentales por regular el precio de las medicinas. Estados Unidos es el único país en el mundo occidental que no permite que el gobierno use su poder de compra para negociar el precio de los medicamentos. Un 85 por ciento de la población se opone, pero eso no significa diferencia alguna, hasta que todos vean que no son los únicos que se oponen a estas medidas.
La industria petrolera anunció que va a utilizar las mismas tácticas para derrotar cualquier proyecto legislativo de reforma energética. Si Estados Unidos no implanta controles firmes sobre las emisiones de dióxido de carbono, el calentamiento global destruirá la civilización moderna.
El diario Financial Times señaló con razón que si había una esperanza de que Obama pudiera haber cambiado las cosas, ahora sería sorprendente que sí cumpliera con lo mínimo de sus promesas. La razón es que no quería cambiar tanto las cosas. Es una criatura de quienes financiaron su campaña: las instituciones financieras, las energéticas, las empresas. Tiene la apariencia de buen tipo, sería un buen acompañante de cena, pero eso no permite cambiar la política; la afecta un poco. Sí hay cambio, pero es un poco más suave. La política proviene de las instituciones, no está hecha por individuos. Las instituciones son muy estables y muy poderosas. Por supuesto, encuentran la manera de confrontar lo que sucede.
Más de lo mismo
Los medios están un poco sorprendidos de que se esté regresando adonde siempre se estuvo. Lo reportan, es difícil no hacerlo, pero el hecho es que las instituciones financieras se pavonean de que todo está quedando igual que antes. Ganaron. Goldman Sachs ni siquiera intenta ocultar que después de haber hundido la economía está entregando jugosos bonos a sus ejecutivos. Creo que en el pasado trimestre acaba de reportar las ganancias más altas de su historia. Si fueran un poquito más inteligentes lo intentarían ocultar.
Esto se debe a que Obama está respondiendo a quienes apoyaron su campaña: el sector financiero. Miren nada más a quién escogió para su equipo económico. Su primer asesor fue Robert Rubin, el responsable de la derogación de una ley que regulaba al sector financiero, lo cual benefició mucho a Goldman Sachs; asimismo, se convirtió en directivo de Citigroup, hizo una fortuna y se salió justo a tiempo. Larry Summers, quien fue la principal figura responsable de detener toda regulación de los instrumentos financieros exóticos, ahora es el principal asesor económico de la Casa Blanca. Y Timothy Geithner, quien como presidente de la Reserva Federal de Nueva York supervisaba lo que sucedía, es secretario del Tesoro.
En un reportaje reciente se examinó a algunos de los principales asesores económicos de Obama. Se concluyó que gran parte de ellos no deberían estar en el equipo de asesoría, sino enfrentando demandas legales, porque estuvieron involucrados en malos manejos en la contabilidad y otros asuntos que detonaron la crisis.
¿Por cuánto tiempo se pueden mantener las ilusiones? Los bancos están ahora mejor que antes. Primero recibieron un enorme rescate del gobierno y los contribuyentes, y lo utilizaron para fortalecerse. Son más grandes que nunca; absorbieron a los débiles. O sea, se está sentando la base para la próxima crisis. Los grandes bancos se están beneficiando con una póliza de seguros del gobierno, que se llama demasiado grande para fallar
. Si se es un banco enorme o una casa de inversión importante, es demasiado importante para fracasar. Si se es Goldman Sachs o Citigroup, no puede fracasar porque eso derrumbaría toda la economía. Por eso pueden hacer préstamos riesgosos, para ganar mucho dinero, y si algo falla, el gobierno los rescata.
La guerra contra el narco
La guerra contra la droga, que desgarra a varios países de América Latina entre los que se encuentra México, tiene viejos antecedentes. Revitalizada por Nixon, fue un esfuerzo por superar los efectos de la guerra de Vietnam en Estados Unidos.
La guerra fue un factor que llevó a una importante revolución cultural en los 60, la cual civilizó al país: derechos de la mujer, derechos civiles. O sea, democratizó el territorio, aterrorizando a las elites. La última cosa que deseaban era la democracia, los derechos de la población, etcétera, así que lanzaron una enorme contraofensiva. Parte de ella fue la guerra contra las drogas.
Ésta fue diseñada para trasladar la concepción de la guerra de Vietnam, de lo que nosotros les estábamos haciendo a los vietnamitas, a lo que ellos nos estaban haciendo a nosotros. El gran tema a fines de los 60 en los medios, incluso los liberales, fue que la guerra de Vietnam fue una guerra contra Estados Unidos. Los vietnamitas estaban destruyendo a nuestro país con drogas. Fue un mito fabricado por los medios en las películas y la prensa. Se inventó la historia de un ejército lleno de soldados adictos a las drogas que al regresar se convertirían en delincuentes y aterrorizarían a nuestras ciudades. Sí, había uso de drogas entre los militares, pero no era muy diferente al que existía en otros sectores de la sociedad. Fue un mito fabricado. De eso se trataba la guerra contra las drogas. Así se cambió la concepción de la guerra de Vietnam a una en la que nosotros eramos las víctimas.
Eso encajó muy bien con las campañas en favor de la ley y el orden. Se decía que nuestras ciudades se desgarraban por el movimiento antibélico y los rebeldes culturales, y que por eso teníamos que imponer la ley y el orden. Allí cabía la guerra contra la droga.
Reagan la amplió de manera significativa. En los primeros años de su administración se intensificó la campaña, acusando a los comunistas de promover el consumo de drogas.
A principios de los 80 los funcionarios que tomaban en serio la guerra contra las drogas descubrieron un incremento significativo e inexplicable de fondos en bancos del sur de Florida. Lanzaron una campaña para detenerlo. La Casa Blanca intervino y suspendió la campaña. Quien lo hizo fue George Bush padre, en ese tiempo encargado de la guerra contra las drogas. Fue cuando la tasa de encarcelamiento se incrementó de manera significativa, en gran parte con presos negros. Ahora el número de prisioneros per cápita es el más alto en el mundo. Sin embargo, la tasa de criminalidad es casi igual que en otros países. Es un control sobre parte de la población. Es un asunto de clase.
La guerra contra las drogas, como otras políticas, promovidas tanto por liberales como por conservadores, es un intento por controlar la democratización de fuerzas sociales.
Hace unos días, el Departamento de Estado de Obama emitió su certificación de cooperación en la lucha contra las drogas. Los tres países que fueron descertificados son Myamar, una dictadura militar –no importa, está apoyada por empresas petroleras occidentales–, Venezuela y Bolivia, que son enemigos de Estados Unidos. Ni México, ni Colombia, ni Estados Unidos, en todos los cuales hay narcotráfico.
Un lugar interesante
El elemento central del neoliberalismo es la liberalización de los mercados financieros, lo cual hace vulnerables a los países que tienen inversionistas extranjeros. Si uno no puede controlar su moneda y la fuga de capitales, está bajo control de los inversionistas extranjeros. Pueden destruir una economía si no les gusta lo que este país hace. Ésa es otra forma de controlar pueblos y fuerzas sociales, como los movimientos obreros. Son reacciones naturales de un empresariado muy concentrado, con gran conciencia de clase. Claro que hay resistencia, pero fragmentada y poco organizada, y por ello pueden seguir promoviendo políticas a las que se opone la mayoría de la población. A veces esto llega al extremo.
El sector financiero está igual que antes; las aseguradoras de salud han ganado con la reforma sanitaria, las empresas energéticas ganarán con la reforma energética, los sindicatos han perdido con la reforma laboral y, por supuesto, la población de Estados Unidos y la del mundo pierden porque ya de por sí la destrucción de la economía es grave. Si se destruye el medio ambiente, los que de veras sufrirán son los pobres. Los ricos sobrevivirán a los efectos del calentamiento global.
Por esto América Latina es uno de los lugares verdaderamente interesantes. Es uno de los sitios en los que hay verdadera resistencia a todo esto. ¿Hasta dónde llegará? No se sabe. No me sorprendería que haya un giro a la derecha en las próximas elecciones en América del Sur. Aun así, se ha logrado un avance que sienta las bases para algo más. No hay muchos lugares en el mundo de los que pueda decirse lo mismo.
14 de septiembre de 2009
14 de septiembre de 2009
foto: Germán Canseco
Chomsky: What America's 'Crisis' Means to the Rest of the World
By Noam Chomsky, Boston Review. Posted September 10, 2009.
The way we perceive "crises" here in the U.S. is a profound symbol of how we don't understand them internationally.
Perhaps I may begin with a few words about the title. There is too much nuance and variety to make such sharp distinctions as theirs-and-ours, them-and-us. And neither I nor anyone can presume to speak for “us.” But I will pretend it is possible.
There is also a problem with the term “crisis.” Which one? There are numerous very severe crises, interwoven in ways that preclude any clear separation. But again I will pretend otherwise, for simplicity.
One way to enter this morass is offered by the June 11 issue of the New York Review of Books. The front-cover headline reads “How to Deal With the Crisis”; the issue features a symposium of specialists on how to do so. It is very much worth reading, but with attention to the definite article. For the West the phrase “the crisis” has a clear enough meaning: the financial crisis that hit the rich countries with great impact, and is therefore of supreme importance. But even for the rich and privileged that is by no means the only crisis, nor even the most severe. And others see the world quite differently. For example, in the October 26, 2008 edition of the Bangladeshi newspaper The New Nation, we read:
It’s very telling that trillions have already been spent to patch up leading world financial institutions, while out of the comparatively small sum of $12.3 billion pledged in Rome earlier this year, to offset the food crisis, only $1 billion has been delivered. The hope that at least extreme poverty can be eradicated by the end of 2015, as stipulated in the UN’s Millennium Development Goals, seems as unrealistic as ever, not due to lack of resources but a lack of true concern for the world’s poor.
The article goes on to predict that World Food Day in October 2009 “will bring . . . devastating news about the plight of the world’s poor . . . which is likely to remain that: mere ‘news’ that requires little action, if any at all.” Western leaders seem determined to fulfill these grim predictions. On June 11 the Financial Times reported, “the United Nations’ World Food Programme is cutting food aid rations and shutting down some operations as donor countries that face a fiscal crunch at home slash contributions to its funding.” Victims include Ethiopia, Rwanda, Uganda, and others. The sharp budget cut comes as the toll of hunger passes a billion—with over one hundred million added in the past six months—while food prices rise, and remittances decline as a result of the economic crisis in the West.
As The New Nation anticipated, the “devastating news” released by the World Food Programme barely even reached the level of “mere ‘news.’” In The New York Times, the WFP report of the reduction in the meager Western efforts to deal with this growing “human catastrophe” merited 150 words on page ten under “World Briefing.” That is not in the least unusual. The United Nations also released an estimate that desertification is endangering the lives of up to a billion people, while announcing World Desertification Day. Its goal, according to the Nigerian newspaper THISDAY, is “to combat desertification and drought worldwide by promoting public awareness and the implementation of conventions dealing with desertification in member countries.” The effort to raise public awareness passed without mention in the national U.S. press. Such neglect is all too common.
It may be instructive to recall that when they landed in what today is Bangladesh, the British invaders were stunned by its wealth and splendor. It was soon on its way to becoming the very symbol of misery, and not by an act of God.
As the fate of Bangladesh illustrates, the terrible food crisis is not just a result of “lack of true concern” in the centers of wealth and power. In large part it results from very definite concerns of global managers: for their own welfare. It is always well to keep in mind Adam Smith’s astute observation about policy formation in England. He recognized that the “principal architects” of policy—in his day the “merchants and manufacturers”—made sure that their own interests had “been most peculiarly attended to” however “grievous” the effect on others, including the people of England and, far more so, those who were subjected to “the savage injustice of the Europeans,” particularly in conquered India, Smith’s own prime concern in the domains of European conquest.
Smith was referring specifically to the mercantilist system, but his observation generalizes, and as such, stands as one of the few solid and enduring principles of both international relations and domestic affairs. It should not, however, be over-generalized. There are interesting cases where state interests, including long-term strategic and economic interests, overwhelm the parochial concerns of the concentrations of economic power that largely shape state policy. Iran and Cuba are instructive cases, but I will have to put these topics aside here.
The food crisis erupted first and most dramatically in Haiti in early 2008. Like Bangladesh, Haiti today is a symbol of misery and despair. And, like Bangladesh, when European explorers arrived, the island was remarkably rich in resources, with a large and flourishing population. It later became the source of much of France’s wealth. I will not run through the sordid history, but the current food crisis can be traced directly to 1915, Woodrow Wilson’s invasion: murderous, brutal, and destructive. Among Wilson’s many crimes was dissolving the Haitian Parliament at gunpoint because it refused to pass “progressive legislation” that would have allowed U.S. businesses to take over Haitian lands. Wilson’s Marines then ran a free election, in which the legislation was passed by 99.9 percent of the 5 percent of the public permitted to vote. All of this comes down through history as “Wilsonian idealism.”
In order to read the complete article HERE.
Va para un siglo que, en su lecho de muerte, Ramón López Velarde escribió una oda a la nación. Un poema harto complejo que quiso contener a México todo; sus crestas y valles, sus estampas, sus atrasos atroces, sus sonidos y sabores y colores. Ramón amó su país como a la poesía. Tanto que, tocado de muerte por la pleuresía, seguía realizando correcciones a sus versos para supervisar personalmente la inminente publicación. Como Salvador Díaz Mirón e Ignacio Manuel Altamirano, fue lo mismo poeta que actor político. Pero lejos del iracundo vate veracruzano o del desgarbado juarista de Tixtla y más cercano quizá a Keats, por aquello de las vidas que se consumen en un santiamén pero brillan con fulgores pirotécnicos, no hizo huesos viejos: tenía apenas treinta y tres años. A lo mejor fue nuestro Cristo y lo vimos pasar de frente, tontos de siempre.
¿Qué fue de esos próceres de inconmensurable intelecto, de encendido y auténtico amor por la tierra de sus padres, de sus abuelos, de sus hijos, su tierra?
Salieron a comer hamburguesas de McDonald's. Andan de viaje por Las Vegas o Disneylandia. Lo cierto es que si nos ponemos a ver cómo es que ahora los mexicanos “festejamos” eso, nuestra mexicanidad, dan ganas de reír y de llorar por igual. ¿Qué clase de República mexicana queremos heredar a nuestros hijos y nietos y bisnietos?, ¿qué clase de herencia civil, de legado ético, si somos una sociedad agachona y corrupta por omisa o cortesana complicidad, que salvo algunas temporales rarezas sigue acatando lo dispuesto por el tlatoani y su corte de vampiros chupadores de dinero?
Ilustración de Juan G. Puga |
La televisión, el poderoso medio que es capaz de moldear la opinión pública, suele callar los actos de corrupción diarios, los cotidianos arreglos en lo oscurito, los secretos de un Estado fallido, entreguista y mentiroso. La orla del diablo son las televisoras del duopolio en sus capítulos locales al interior del país. Televisa Veracruz y tv Azteca Veracruz jamás denuncian las presuntas corruptelas de Fidel Herrera; las sucursales de Nuevo León sirven al prianismo pequeñoburgués y pendejo; ¿es por miedo?, ¿es porque ejercer un periodismo comprometido significa perder prebendas?, ¿por qué si los conductores de noticias, los productores (y buena parte de la prensa) saben de las trácalas de muchísimos funcionarios los solapan y aún los adulan?;¿por qué Televisa de Occidente o tv Azteca Guadalajara no se rebelan al gobierno de facto de la sotana rábida que es Juan Sandoval Íñiguez mientras todo mundo sabe que el gobernador del estado, el infame Emilio Márquez, no es más que un muñeco de ventrílocuo al que la mano huesosa del Cavernal maneja para que diga lo que dicta la curia rencorosa?, ¿es que no hay periodistas laicos y juiciosos en la televisión jalisciense que le pare las patas a la runfla curialesca retrógrada y enemiga del arte, enemiga de la ciencia, enemiga del conocimiento de la verdad sobre sí misma?, ¿cómo es que todo son loas a ese par de infelices en los programas que se producen en la deslustrada y caótica perla tapatía?
¿Por qué en Colima la televisión es comparsa de un personaje lúgubre y logrero como ha resultado Miguel Ángel Aguayo, el rector de la Universidad de Colima, quien con contlapaches como Fernando Moreno (ex rector y ex gobernador, además), y otros politicastros y empresarios voraces de filiación priísta antediluviana se apropian de la Universidad, la utilizan como parapeto político, porril, como trampolín en la subidera, como careta amable a todos sus negocios turbios? ¿Por qué las televisoras no acaban de contar la verdad sobre el Ulises de Oaxaca, o sobre Peña Nieto en el Estado de México pero además sobre sus turbios antecesores, el oscuro vínculo con Carlos Salinas de Gortari?
¿Por qué la televisión abarata el oficio periodístico y en lugar de denunciar, de informar, de proporcionarnos elementos para hacer conciencia y argumentar a favor del bien colectivo, es cómplice de tanta porquería?
López Velarde y aquellos héroes de la patria que se jodieron la vida por cualquier ideal de libertad se vomitarían si nos vieran hoy que la mentira y la cobardía son nuestra esencia. ¿Por qué permitimos que Calderón se gaste ríos de dinero que deberían ser escuelas de calidad y hospitales bien abastecidos en anuncitos pendejos para lavar su imagen de gris, mediocre, inútil por no recordar que ilegítimo?
Porque la prendemos. Cada que sintonizamos canales del duopolio sencillamente prendemos el interruptor de la mentira. Que viva México, cabrones.
Me confieso televidente veleta, sin brújula que me ampare. He perdido la lealtad y la prestancia: es que ya no soy un televidente cándido. En algún lugar del sinuoso camino perdí el apetito y con ello la esperanza. Si antes fui un veedor de caricaturas, hoy no las soporto más de ocho minutos, por más que mi hija me pida –lo que pida mi hija se cumple sin peros, o hasta hace poco se cumplía– que veamos a Bob Esponja, que me cae, me caía, tan bien. Si fui un ávido consumidor del humor gringo, inglés, francés, italiano o español hoy me desesperan la socarronería de Little Britain o Monty Python, y a veces hasta Buenafuente parece soso aunque lo salva Berto. Si una vez reí tontamente con la estupidez del Chavo del ocho o Hazme reír, hoy un sketch de Jorge Ortiz de Pinedo, de La Chupitos o de Alejandro Suárez me producen el mismo rábido efecto que una declaración del secretario del Trabajo. Si una vez quise ver un noticiero para enterarme, hoy entiendo que no debo ver ninguno, sino leer periódicos, porque toda, o casi toda la televisión informativa en México es un aparato de abyección deleznable por su cortesanía vergonzante.
Si alguna vez gusté de programas acerca del mundo animal, o de documentales acerca de la civilización y la historia, hoy me resulta insoportable el simple razonamiento que derraman programas y canales especializados en “divulgar ciencia”: que la ciencia es cosa que entienden y manejan exclusivamente aventureros y científicos anglosajones, y las “minorías” étnicas (excepto, quizá, algunos asiáticos) que conformamos, por ejemplo, africanos o latinoamericanos casi nunca podremos ser el jefe de la expedición; ése será invariablemente rubio y de preferencia gringo, y tendrá siempre las suficientes y sobradas cartas credenciales para venir a nuestra tierra, sea en África o en el ignoto y hostil territorio al sur de Texas, a contarnos qué pasa con la fauna y la flora de nuestros océanos o llanuras, qué con nuestro clima o nuestras respectivas historias siempre tamizadas por el Gran Ojo del imperio, y en un descuido hasta cómo deben ser nuestras exóticas idiosincrasias, esas sí de un pintoresquismo rayano en invención kafkiana. Para lo que sí servimos, y ahí somos buenísimos según se ve en décadas de documentalismo atenido al canon supremacista, es para llevar al gringo aventurero en nuestra lancha (bastante pinchita y carente de la más elemental parafernalia primermundista de seguridad), o para acarrear en el lomo al buzo gringo sus tanques, o para cargar sobre la cabeza, a paso cansino, las cajas y baúles repletos de artefactos que solamente es capaz de manipular el hombre blanco, o para ser su simple guía en la selvática vereda, su palafrenero, su humilde (pero risueño, fiestero, pícaro siempre) hostelero.
Alguna vez, por puro morboso, sintonicé, sí, reitero que peco: soy morboso hasta la náusea que produce ver tantos programas de violencia, tantas noticias de asesinatos, masacres, secuestros o balaceras brutales; tantos ataques de fieras, escenas de guerra, programas de gordos inmensos que adelgazan; de actrices o cantantes famosos a los que les salió mal la cirugía, el matrimonio, la vida entera; escenas de incendios, terremotos, olas gigantescas, caseríos enteros arrasados por un río de lodo y mierda y muerte, así de morboso o más, porque digo que alguna vez sintonicé, para reír con el involuntario humor del fanatismo, los canales de proselitismo religioso, los encendidos vítores al crucificado de los cristianos protestantes, las eufóricas proclamas sabatinas de sus pastores, la colección de estulticias de los programas católicos, sobre todo los que conducen jovencitas y mancebos (aunque hay los de feligreses frustrados que hubieran querido ser curas y monjas) y uno que otro donde podía ver a un curángano cualquiera mirando desde arriba el mundo, allá trepado en su púlpito virtual, pero hoy solamente me causan el previsible fastidio que a cualquier ateo le causa cualquier misal, aburridores hasta el desmayo.
¿Qué me pasa, a mí, que he sido toda la vida un voraz teletragón? Pues pasa que estoy empachado. Que he visto tanto y tan malo que hoy de plano no puedo, no quiero, no me da la gana recordar algo de lo bueno, por minúsculo que sea. Y hoy, más que nunca, prefiero el libro a la televisión. Cuál televisión, de qué me habla usted. Ah, ¿la porquería esa cuadrada que estorba tanto sobre la cómoda, en la sala o en la alcoba? Hombre, esa chingadera lleva felizmente apagada casi la semana entera. Ora déjeme leer…
—Te diré que cuando la conocí no daba un quinto por ella. Y la conocí desde hace mucho porque es mi hermana, y crecimos juntos, íbamos a las mismas escuelas, y por más que hice no pude ignorar sus limitaciones, las suficientes como para que sus novios me pidiesen siempre que los acompañase, para no quedarse a solas con ella y sus reflexiones. Así que me tomó de sorpresa saber del éxito de su empresa. Como que no me la creo todavía. Imagínate. Comenzó con un dinero que le prestó mi papá de su pensión (a riesgo de parecer parricida, te diré que no creo que la pensión de mi papá alcance para su forma de vida y sus carrazos y sus viajes, a menos que sea pensión de la Secretaría de Hacienda). Mi sister alquiló un despacho más bien modesto en el Centro Histórico, hazme favor, y allí esperó a los clientes que no llegaban. Y con razón. ¿Quién iba a ir al Centro a consultar su horóscopo político?
Hace seis meses, con la vista puesta en las elecciones de julio de 2009, mi hermana se mudó de look, contrató un modista exclusivo, y le dio otro sablazo a mi papá que, de nuevo, le prestó de su modesta pensión ya una cantidad maciza. El resultado: despacho en Polanco, tecnología para dialogar con el siglo XXII, muebles posmodernos, computadoras hasta en el elevador, lo que se te ocurra. Y con un cambio de giro: se olvidó del horóscopo político, y se concentró en la “arquitectura visual de los triunfadores”. Le dije: “Oye, no seas tan irresponsable. ¿Quién te contó que sabes algo de nada?”. Me miró feo y me respondió: “Tú métete en lo que te importa, que yo no digo nada de que siempre duermes solo”. Hirió mi orgullo y le dejé de hablar. A ella qué fregados le importa si a mí no me da la gana ligar.
Mi mamá me ha ido contando luego del asunto. Miriam se inventó lo de “arquitecta visual de los triunfadores”, porque se dio cuenta, o alguien le informó, de que los políticos, tan seguros que se ven, siempre traen en la mente su desempeño escolar y eso los tortura. Y requieren consejos, apoyo, estudios del perfil adecuado, selección del tinte para el cabello, renovación del lenguaje corporal (caminar como John Travolta en Hair), estilos de saludar (besar a la mamá como si llevara un niño a cuestas), manejo esbelto del frotadero de mejillas, lo habido y lo por haber. Y sin embargo, al principio Miriam tampoco la hizo, había demasiada competencia, necesitabas para persuadir del ceceo franquista, y te insisto, la oyes hablar y lo que menos le confías es el cuidado de tu osito Teddy.
¿Qué pasó entonces? ¿Cómo le hizo para ser la asesora cuya prosperidad terminó hace unos días? ¿En dónde encontró su mina de oro? En una cualidad que para mí era su peor defecto: es una boba irremediable, se ríe de todo, todo le hace gracia de veras, sin forzarse. Cuando éramos niños, mi papá dejó de contar chistes a la hora de la comida, porque mi sorella se reía tanto que a nadie le quedaban ganas de hablar. Un día fue a comer un cura bastante solemne y aburrido, que le decíamos el padre Letal, y contó una historia mortífera de un viaje suyo a Tierra Santa, y de cuando alquiló un borrico para revivir la experiencia del Maestro y entrar a Jerusalén aunque sin palmas. Mi hermana creyó que el relato era un chiste y se lo celebró a carcajadas. “¿Y quién iba encima?”, le preguntó. El cura no volvió a la casa, mi mamá no le habló a Miriam durante un año y nosotros tuvimos que soportar sus explicaciones: “En serio, creí que el padre Letal estaba echando relajo”.
Y le sirvió esa facilidad innata para localizar la gracia de los seres más pesados. Se dio cuenta de que si tomaba como inmensos chistoretes las frases de los políticos, éstos se sentían halagados y la seguían frecuentando. Y de pronto... ¡la inspiración! Que se modernizaran e hicieran del humor el eje de sus campañas. Que ensayaran con ella sus chistes para los programas de tele. ¡El exitazo! Lo que le dijeran le pareció macanudo, destornillante, superduper. Los políticos, estremecidos por sus carcajadas, se fascinaban, memorizaba sus propios chistes y contrataban con su despacho. Y por supuesto, la llevaban a todas partes, porque si su risa no arrastra las demás, por lo menos el ruido sigue en el lugar del mitin ya cuando no hay nadie.
Debo aceptar el hecho: mi hermana inspiró la catástrofe de la actual campaña. Convenció a sus clientes derechistas de sus dones naturales para el humor y el chiste y los tuvo haciendo sketches, tomando clases con los políticos en retirada que ahora trabajan en fiestas infantiles, bailando, imitando artistas. Y como les festejaba todo, los hipnotizaba y los persuadía a continuar por el rumbo de la comunicación corporal, gestual y humoral. Incluso los encuestólogos usaban risámetro para medir la popularidad. No lo dudo: ella sola es la mayor responsable del tono fúnebre de estos meses.
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Hay que admitirlo: a casi ningún político Dios le otorgó la facultad de hacer reír voluntariamente, lo que en la campaña de 2009 se hizo ver con demasía. En el Cinturón del Rosario, el granero electoral de la derecha, las tácticas de mi sister fueron funestas. Persuadió a sus entenados de campaña de darle un toque alivianado al aspecto, y les mostró encuestas de otros países. El resultado: el primer día de campaña, varios se presentaron en tanga, sin tener, por así decirlo, las disposiciones corporales objetivas (uno sí, pero estaba tan borracho porque quiso darse ánimos que salió al templete sin tanga, y ahí se le ausentaron las disposiciones objetivas). Y lo que sigue fue el acabose, mira que a estas alturas seguir con el numerito coreográfico de “Macarena”, nadie bailaba y uno de sus candidatos se resbaló, cayó fuera del templete y sigue con una fuerte conmoción cerebral. Ay, Macarena.
Los priístas los alentaron para que siguieran ese camino fúnebre. Los perredistas ni se enteraron porque el líder, un tal Ortega, se empeñó en llevarse el partido enterito a su casa para que no lo fueran a despojar del mando. Y en las zonas donde el conservadurismo había triunfado, no entendieron cómo se debilitaban las campañas de odio, que eran su fuerte, a favor de exhibiciones de contramoda y de sesiones de strippers por el decoro. Bueno, mi hermana cobró un buen, y ya se verá en la siguiente campaña de 2012.
La primera vez que lo vi me impresionó. Traía su fama consigo, y eso los subalternos lo captan luego luego. Él sonrió, lo que no tendría nada de particular salvo el hecho de que, según me dijeron, también tarifaba sus sonrisas. Bueno, apenas una semana en tierra de los aztecas y ya tenía a sus órdenes una operación gigantesca, hacer ganar a un hombre que no sobrenadaba en carisma, bueno, José María Aznar tampoco era un tablao flamenco y sin embargo ahí la llevaba bien hasta aquel día de marzo del atentado terrorista, pero, hombre, mi jefe se le había dicho: “Miente en abstracto y sólo cuando no te quede otra miente en concreto, que es allí donde te cachan”. Ay, Pepe, pues qué te dio por mentir tan en redondo, que fue ETA, que… Pero éste de aquí se ve más seriecito; me contaron que le recitaron chistes de Gila, de ese humor ibérico añejado, y no se rió y luego invitó a los presentes a una reunión en la que cantarían canciones del sur de Michoacán.
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A mí me tocó ser parte de los encuestadores sobre las predilecciones del mexicano. Tuvimos muchas reuniones y al cabo obtuvimos una verdad de a kilo: mexicano es aquel que odia por razones de espacio en el Metro a otro nacional; mexicano es aquel dispuesto a jurar ante el juez que otro mexicano, en las noches, extrae la caja de cenizas de su hermano y le cuenta lo mal que le caía. Eso murmuró mi jefe; según, el Spin Doctor (dígale publicista), es información privilegiada, la campaña se basaría en lo mal que se caen los mexicanos entre sí.
Convocó a una reunión alucinante de grupos focales. El tema: “¿Cuál es la frase que más provocaría el odio, el recelo, la gana de arrojar a un tipo por la ventana?”. Hubo algunas interesantes: “Fulano es de los que le pegan a su mamacita el Viernes Santo./ Es un calumniador de la Selección Nacional, dice que va a ganar la Copa Mundial./ Es de los otros y cree que es de los nuestros”. Interesantes, pero no convincentes. Y mi jefe recordó una ya usada con alguna fortuna: “Un peligro para México… López Obrador, un peligro para México”. Sonrió, y anotó con rapidez la sonrisa en la lista de gastos de campaña.
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El mánager de campaña (le puede decir el publicista) evocó aquellos días de 2006. ¡Qué bonito fue! Sonrió, pero se acordó de que ya las sonrisas no entran en gastos de campaña, y mantuvo el gesto adusto. Algunos idiotas se opusieron a la consigna en los periódicos, pero nuestros amigos, los intelectuales independientes y críticos, se les fueron encima alegando que violaban la libertad de expresión. Y hasta el final la frase siguió.
Luego, hace como un año, el IFE cambió reglas diciendo que no se valía insultar. Pero, como dice el cliente: “Haiga sido como haiga sido”… ¿Me oyeron, espurios?
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Acompañé luego a El Salvador al mago de la imagen (díganle mercadólogo), y lo vi hacer campaña por Arena, un partido al que se le pasa la mano de derechista. Llegó muy confiado y, según me cuentan porque no estuve en esas reuniones, hizo su jamboree de grupos focales, con el gran tema: “¿Qué es lo que más odia un salvadoreño?”. ¡Qué curioso! Demasiados opinaron que lo que más odiaban era Arena. Ya se veía venir la catapulta. Y no tardó, ganaron los rojillos, y mi jefe se fue rapidito, a lo mejor para que no le pidieran que devolviera los anticipos. Caramba, para un Antonio Solá, es tiempo que le diga que así se llama el brujo de las campañas de odio, díganle Spin Doctor, una derrota es como un tatuaje en el inconsciente.
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Y ahora esto del 5 de julio. La campaña estaba bien pensadita. Con lujo de detalles y todavía más lujo de presupuesto. Había que encajonar al PRI, que era el rival; el PRD de Jesús Ortega es un chiste en expansión. Y como en el PRI son muchos y no se les podía aplicar lo de “un peligro para México”, porque además ya lo habían sido 71 años, era mejor una llave de lucha libre, la quebradora o la tapatía. Ya el cliente, no nos oponemos a que le llamen Presidente, había dicho que el que no estaba con su política de exterminio y militarización estaba a favor de la delincuencia, no lo dijo así exactamente pero cotejen las diferencias.
Entonces el David Copperfield de los mensajes subliminales (díganle rey de la reiteración) lanzó la campaña que ejecutó el jefe del PAN, don Germán Martínez, el que, en sus palabras, habla en superlativo mayestático: “Le pedimos que apriete las tuercas a la gobernadora, Amalia (García), no te rajes, porque el presidente Felipe Calderón no se raja y tienes que dar cuenta a los ciudadanos zacatecanos de lo que está haciendo en seguridad”. O en una de sus expresiones más benévolas: “Las acciones del Ejército y la Policía Federal no llevan consigna electoral… No se entiende que entre los priístas haya inquietud. Dicen que el que nada debe nada teme”.
Así que con Calderón o con El Chapo. Admítase que la disyuntiva era un peligro para México. Y mi jefe, el repartidor de odios (dígasele mercadólogo), estaba muy satisfecho. Esto mejoraba la despejización de México, obligaba a los priístas a apoyar a Calderón incluso con el voto, o fugarse cerquita de las Islas Caimán. Lo que esperábamos luego de las primeras intimidaciones era una rendición masiva, los priístas en las plazas tirando sus esclavas de oro y asegurando que jamás pensarían en arriesgar el patrimonio moral de sus hijos… Y nada, más bien se enojaron y pusieron en su sitio al jefe nato del PAN. A ellos, insistieron, nadie les iba a decir que eran delincuentes. No llegaron al extremo de pedir un cotejo de cuentas de banco porque allí todos perdían.
¿Qué se hace en esos casos? Mi jefe, A.S., sonrió y murmuró: “Están perdidos, cayeron en mi trampa” (yo no lo oí pero las paredes vuelan). Y esperamos el resultado, qué golpazo, qué manera de eludir responsabilidades, qué desprecio por las trampas semióticas, qué ignorancia. Han sido días de pesadumbre, pero qué se le va a hacer. Mi jefe no piensa renunciar, si no lo hace el difunto político de Jesús Ortega, por qué él que es mexicano recientito. Ya veremos.